El papel de los agricultores en el uso eficiente de agua

El 70% de las reservas mundiales de agua dulce es aplicado a regadíos de cultivo los cuales, en muchos casos, hacen un uso ineficiente de este apreciado recurso provocando un derroche significativo, así como la contaminación del mismo razón por la que se vuelve muy relevante que las actividades agrícolas hagan un uso eficiente del agua.

Si observamos el panorama actual, comprendemos que el uso del agua en la agricultura deja mucho que desear en lo referente a la optimización del recurso y su uso eficiente. Normalmente se observa una sobre explotación en ciertas áreas que no solo está marcada por un derroche significativo, sino que produce la privación del recurso en zonas aledañas a las mismas. Esto último provoca una caída de la producción y del empleo en dichas áreas. Además, en muchos casos, el retorno del agua utilizada al sistema hidrográfico se da de forma ineficiente al estar contaminada con herbicidas, pesticidas y fertilizantes, afectando la salud de la población.

La problemática de la sobre explotación de este elemento se vuelve insostenible si tenemos en cuenta que, según la FAO, muchos de los países deficitarios en este recurso sobre explotan anualmente alrededor de 160 kilómetros cúbicos y que el 10% de la producción mundial de granos se produce con reservas de agua no renovables.

El uso eficiente del agua en este escenario requiere dos acciones concretas: mayores inversiones en infraestructura, por un lado, y mejores prácticas agrícolas por otro. Para el primer punto, muchas veces es necesaria la intervención del sector púbico. Aun así, dichos gastos no garantizan una mejoría de la situación a menos que se hagan de forma apropiada.

Para ilustrar esto podemos mencionar el caso de Ciudad Victoria en Tamaulipas, México, donde pese a la inversión considerable del gobierno federal, el 40% del agua utilizada es desperdiciada debido a las malas condiciones de los canales de riego siendo necesarias mayores y mejores inversiones.

Pero la inversión en infraestructura no es el único factor preponderante. Las prácticas utilizadas por los agricultores son en última instancia las que determinan el uso eficiente del agua.

En España, según datos oficiales, el 68% del agua disponible es utilizada en la agricultura. Sin embargo, algunas estimaciones menos conservadoras hablan de un 80% por lo se evidencia un derroche significativo del recurso. Adicionalmente se destaca que, según informes de naciones Unidas, en España ha habido en los últimos años un severo proceso de desertificación. Por esta razón, es de vital importancia realizar las inversiones necesarias pero, sobre todo, incentivar el uso de prácticas sustentables que permitan un mayor ahorro del recurso, así como su cuidado.

Actualmente a nivel mundial el 30% de las tierras regadas está severamente afectada. Aun así la agricultura del regadío aumentará debido a su impacto positivo en la producción alimentos cuya demanda ha venido creciendo. Por este motivo, se deben generar los incentivos para que los agricultores reemplacen el riego por superficie (que mayor derroche de genera), por el riego por goteo y/o el riego subterráneo que se caracterizan por una mayor eficacia y ahorro de agua. Además, es importante que estos sistemas se mantengan en buen estado y que se usen piezas de calidad.

Una nueva cultura agraria basada en métodos sustentables como el riego a goteo o riego localizado es una necesidad imperante para el cuidado de este recurso y es por este motivo que, debido al papel que juegan los agricultores en el uso eficiente del agua, es necesario analizar cuáles son las formas de cambiar las prácticas actualmente utilizadas. Para ello es necesaria una política de estado que, mediante subsidios y/o capacitaciones, permitan generar conciencia sobre la gravedad de la situación y sus efectos a largo plazo sobre la misma agricultura pero, sobre todo, que se extienda la información de que existen sistemas de riego eficientes que además de velar por la protección del agua como recurso vital, también mejoran la economía de los agricultores al permitirles optimizar su uso.

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