La pobreza infantil en España dejará secuelas en la salud a lo largo de la vida

España es el segundo país de Europa con mayor índice de pobreza infantil, únicamente superado por Rumanía, según un informe de Cáritas Europa. Estas cifras alarman a los especialistas reunidos en el 63 Congreso de la Asociación Española de Pediatría (AEP), que se celebra hasta el sábado en Bilbao, y que dedicarán una de sus sesiones plenarias a discutir acerca de la Alimentación infantil y su repercusión en la salud del adulto. Según señalan, la situación de precariedad deja unas huellas inmediatas y un impacto negativo no solamente en la salud general, sino también en la salud mental de los menores, sobre todo en aquellos que crecen en familias que pasan apuros para llegar a fin de mes, requieren ayuda de instituciones sociales o han sido desahuciados de sus hogares.

El riesgo de pobreza en la infancia ha aumentado desde el inicio de la crisis económica y afecta más a este grupo de población que al resto de la población general. Entre 2008 y 2012 el porcentaje de menores en riesgo de pobreza ha aumentado de uno de cada cinco a uno de cada tres“, explica el doctor Luis Rajmil, pediatra especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y colaborador en el IMIM-Instituto de Investigación Hospital del Mar (PSMAR), en Barcelona. “Desde el inicio de la crisis se ha retrocedido varias décadas en términos de bienestar de la población, así como en la proporción de población infantil que carece de acceso a necesidades básicas, como la alimentación o la vivienda. Según la evidencia científica existente, hay suficiente información para afirmar que el grado de pobreza infantil alcanzado en España dejará efectos indelebles en la salud de los niños a lo largo de su vida“, resume este especialista.

Por todos estos motivos, los pediatras españoles instan a los gobiernos, a las sociedades científicas, a los profesionales de la salud y a la sociedad en general a adoptar medidas urgentes para paliar este proceso de deterioro para lograr una sociedad sin exclusión social de los pequeños. “Una buena medida sería abrir los comedores escolares en épocas de vacaciones escolares para que estuvieran al servicio de los niños que lo necesitasen“, apunta la doctora Magdalena Inés Cabeza, presidenta de la Sociedad Vasco-Navarra de Pediatría y también de este 63 Congreso de la AEP.

La salud de los menores está en los mensajes, pero no en la agenda efectiva que prioriza las medidas económicas y sociales para garantizar la igualdad de oportunidades. De continuar esta tendencia, en las futuras generaciones aumentará la prevalencia de problemas de salud“, se lamenta Rajmil.

La paradoja de la obesidad y los niños malnutridos

Los especialistas reunidos en Bilbao han llamado la atención sobre las carencias nutricionales también en lo referente a la mala calidad de la dieta, ya sea por exceso o por defecto de determinados grupos nutricionales. En su opinión, resulta paradójico que en una época como la presente, en la que la información sobre nutrición está al alcance de todos, las tasas de obesidad infantil se hayan disparado en España. “La falta de tiempo para preparar las comidas, la facilidad de acceso a alimentos envasados y la publicidad engañosa hacen que el sobrepeso y la obesidad se estén convirtiendo en un problema de salud de primer orden. En general, nuestros niños consumen un exceso de proteínas animales, poca fruta y verdura y demasiados productos procesados“, esgrime la doctora Cabeza.

Esta especialista se hace eco del clamor de sus colegas para que las instituciones se impliquen más en la publicidad de los alimentos y en las campañas de formación sobre nutrición, un asunto que debería ser prioritario para volver a la dieta mediterránea, rica en productos locales frescos y de temporada. “Resultaría muy beneficioso para la salud de todos y para nuestra economía“, recuerda.

Alimentos transgénicos, una esperanza segura

A pesar de estar permanentemente en el ojo del huracán, o precisamente por eso, el 63 Congreso de la Asociación Española de Pediatría (AEP) dedica una de sus ponencias a los alimentos modificados genéticamente, una opción “tan valiosa nutricionalmente y al menos tan segura como la que representa la de alimentos convencionales“, explica la doctora Mertxe de Renobales Scheifler, catedrática de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad del País Vasco.

Esta experta explica que los alimentos modificados genéticamente pasan controles exhaustivos de manera permanente, hasta el punto de que algunos de ellos son incluso más recomendables que sus variantes convencionales. Es el caso del maíz MON810 resistente al taladro, una oruga que practica túneles en las mazorcas y tallos del maíz para alimentarse. Como consecuencia, las plantas de maíz atacadas por el taladro son a su vez parasitadas por hongos que segregan unas toxinas cancerígenas que no están presentes en las plantas del maíz resistente. Estas toxinas acarrean un riesgo considerable para determinadas poblaciones, como los celiacos, que incrementan su consumo de maíz al no poder tomar productos con trigo.

Así, los especialistas defienden que, usados de la manera correcta, los alimentos modificados genéticamente representan claras ventajas futuras de cara a mejorar la salud de los consumidores. “Gracias a la ingeniería genética se está desarrollando un trigo sin gluten apto para personas celiacas, patatas que no producen acrilamida [un compuesto cancerígeno] en el proceso de fritura o un tipo de arroz que acumula betacaroteno, de manera que puede paliar la deficiencia de vitamina A que sufren muchas poblaciones del sudeste asiático”, enumera Renobales. “Eso por no hablar de todos los cultivos que, al modificarse genéticamente, podrán resistir sequías y altas temperaturas, algo que empieza a suponer un serio problema en países en vías de desarrollo e incluso en el sur de España“, completa

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