Hacia una educación gratuita y de calidad

Los negocios existen desde hace mucho, en concreto desde que se empezó a instaurar un sistema de intercambio de bienes y servicios a cambio de beneficios monetarios. En la actualidad, ese es el servicio que sustenta nuestra economía, nuestro modo de vida, y nuestras aspiraciones profesionales. Por eso, es importante que cualquier estado que se sustente sobre dicha estructura, facilite a los jóvenes no solo el acceso a una educación pública en todos los casos, tanto básica como superior; sino también las herramientas para ser capaces de crear una empresa llegado el momento. Al fin y al cabo, gracias a la frescura de las startups, el panorama de los negocios se vuelve heterogéneo y el usuario tiene numerosas opciones entre las que escoger.

Pero, una vez más, falla la recepción de dichas herramientas por parte del gobierno. Solo en España, ha habido un éxodo masivo de «cerebros», término utilizado normalmente para definir a los y las jóvenes universitarios y universitarias que, incapacitados en su país de origen para emprender labores de investigación científica o crear espacios culturales, se ven obligados a marcharse a cualquier otro país, uno en el que el estado de bienestar realmente sea palpable y las personas que quieran iniciar sus proyectos de vida, o sencillamente contribuir al desarrollo social y cultural, puedan hacerlo. Naturalmente, en España hay muchas opciones de financiación a las que cualquiera de nosotros puede acceder, como la solicitud de mini créditos rápidos; pero necesitamos algo más.

Ese algo más, por lo tanto, se traduce en una universidad realmente pública, es decir, gratuita. Previamente, no se debe cortar las alas a los alumnos interesados por las ramas artísticas o de humanidades eliminando de los programas educativos asignaturas como latín, historia del arte o filosofía. Todas ellas son imprescindibles no solo para aprender la historia del propio país, sino para desarrollar sensibilidad, empatía, pensamiento crítico y, por supuesto, desarrollar otras habilidades prácticas. Por ejemplo, visión espacial, intuición lingüística o estructuras argumentales. Habilidades, todas ellas, no solo imprescindibles para el día a día, sino para tener una base de pensamiento, actitud y aptitudes sólida que a la postre servirá para llevar las riendas de nuestro propio negocio.

Porque, aunque no lo parezca, desarrollar habilidades nos ayuda después a convertirnos en personas inteligentes, con labia y seguras de sí mismas. Lo necesitamos cuando llegamos a la universidad o estudiamos un ciclo formativo, pues lo ideal es que escojamos aquellos estudios que más nos apasionan. Lo necesitaremos después cuando tomemos la decisión de internet y crear un nuevo negocio. Sin esa astucia, sin esa inteligencia, sin esas habilidades lingüísticas, sería complicado, por ejemplo, aprender a gestionar de manera práctica nuestros ahorros, o estudiar a nuestro público objetivo y a la competencia para llevar a cabo acciones de marketing útiles y efectivas.

En definitiva, los jóvenes necesitan ayuda, necesitan un trampolín que les permita alcanzar sus objetivos y ambiciones. Difícilmente se puede si no tenemos en cuenta que el aprendizaje es tan esencial como la facilidad con la que accedamos a dicho aprendizaje. La universidad pública no es ninguna utopía; de hecho, en numerosos países nórdicos, como Dinamarca, ya es una realidad. Allanar el camino para poder asistir a clases presenciales tampoco es imposible, pues, este mismo año, Estonia autorizó el uso gratuito del transporte público para todos sus ciudadanos. Crear una nueva generación de estudiantes ambiciosos con buenas ideas, ansiosos y felices porque saben que pueden llevar a cabo, no es tan difícil, y el cambio empieza por concienciarnos nosotros mismos.

Por supuesto, mientras luchamos para que las oportunidades de estudio y de trabajo lleguen a todas las personas jóvenes sin atender a razones de género, raza o situación social, siempre es conveniente potenciar esos instrumentos económicos que existen, y pueden ayudar a muchas personas en la situación ideal de crear su empresa. Los préstamos rápidos sin papeleos son una opción, el crowdfunding es otra. En los dos casos, los emprendedores y las emprendedoras, ya sean científicos o artistas, han conseguido aquello que se proponían y, lo más importante, darse a conocer. El primer impulso siempre es el más difícil; en el segundo, tal vez cuenten con usuarios fidelizados que prescriban sus productos. Es importante romper el hielo.

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