Maneras de disfrutar de unas vacaciones asequibles

La mayoría de los trabajadores esperamos ansiosos la llegada de los mejores días del año. Es decir, las semanas, los siete días o el fin de semana que podremos irnos de vacaciones. Sean cuales sean los motivos para planificar un viaje, por ejemplo visitar a unos amigos, ver sitios nuevos, bañarse en el mar o hacer una acampada, se trata del soplo de aire fresco que necesitamos en nuestra rutina diaria. Por eso, no suele importar lo que tengamos que hacer para poder gozar de esa desconexión. Puede ser invertir unos ahorros que hemos ganado con esfuerzo, pillando prestado un porcentaje del sueldo o incluso solicitar préstamos con asnef.

De hecho, el comparador de créditos online WannaCash.es ofrece información reveladora: cada vez son más las personas que recurren a este sistema de financiación con motivo de unas vacaciones largas o una escapada de fin de semana. No es para menos: si la vida ya de por sí está muy cara y generalmente nos vemos obligados a asumir una serie de gastos, empezando por la comida, el agua, la luz o el alquiler, viajar es directamente un privilegio. Algunas personas, las más austeras, lo ven como un capricho. Sin embargo, no hemos de perder la perspectiva de la realidad: si no trabajamos para vivir, somos poco más que esclavos del sistema.

Por eso, es importante que ningún trabajador y ninguna trabajadora renuncien a unas necesarias vacaciones motivados por la falsa creencia de que viajar es demasiado caro. Eliminando el lujo de la ecuación, viajar puede ser una de las actividades económicas más baratas que existen. Solo hemos de saber investigar las opciones de las que disponemos con inteligencia y picardía.

A grandes rasgos, se articulan en torno a cuatro pilares esenciales: viaje de ida y vuelta, alojamiento, transporte y comida. Claro que, para elaborar un plan de viaje asequible, antes hemos de tener claras nuestras prioridades. La prioridad principal en los viajes baratos es, ante todo, disfrutar de lo que el entorno tiene que ofrecer, y no tanto las condiciones del viaje o de la modalidad de alojamiento que escojamos. Disfrutar de un sitio nuevo, en resumen.

Pero, claro está, las personas que opten por este tipo de viaje, han de tener una buena capacidad de adaptación, o por lo menos tienen que estar dispuestas a cultivarla durante los días que dure la visita a la ciudad, región, país o costa que hayan escogido. Empecemos por el pilar del viaje de ida y vuelta. Lo más cómodo y seguro, es decir, lo ideal para los planificadores, es dedicar un tiempo largo a indagar en bases de datos turísticas en busca de ofertas asequibles. Si el viaje es por mar, por desgracia solo tenemos una opción: el avión.

No obstante, muchas compañías aéreas ofertan tarifas asombrosas incluso poco antes de las fechas normalmente elegidas por el consumidor, así que hay que estar alertas. En cualquier caso, si la distancia marítima no es demasiado grande –por ejemplo, de una isla a otra, en el caso de los archipiélagos–, existe la posibilidad de viajar en barco o en ferry, elecciones más lentas pero también menos caras.

Por tierra, sin embargo, se amplían las opciones: tren, autobús o coche. Las dos últimas alternativas son las que menos dinero nos harán desembolsar. Existe la posibilidad de alquilar un BlaBlaCar, es decir, alquiler de transporte privado, sin duda una de las opciones preferidas por estudiantes y personas sin ingresos en general. Si se opta por llevar un coche propio, solo hay que sacar un presupuesto de la gasolina y del posible mantenimiento, en función de los kilómetros recorridos. Disponemos de opciones similares con respecto al alojamiento, siendo los alquileres vacacionales o Airbnb la mejor elección posible de alojamiento barato. Si prefieres no arriesgarte en casa ajena, hay hostales muy económicos y de calidad aceptable en los que te puedes dejar caer. Los más aventureros también pueden optar por buscarse la vida cada noche por las inmediaciones. Sumado esto al turismo a pie en la medida de lo posible, o en todo caso utilizando bonos de autobús o metro económicos, ya tenemos nuestro viaje barato planificado y perfectamente abordable con un préstamo personal. Lo demás es sencillo: disfrutar.

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