Introducción a la lingüística y a sus facetas científicas

En general, las personas solemos tener un concepto demasiado limitado de lo que es la ciencia. Según nuestra propia definición, las ciencias son la biología, la física, la química y, en general, todo lo que consideramos ciencias puras o de la naturaleza. También las ciencias exactas, como las matemáticas, y cualquier que utilice números y probetas en sus ensayos y descubrimientos. Sin embargo, esta concepción de ciencia es errónea. Para empezar, ¿qué entendemos nosotros por«ciencia natural»? ¿Acaso no es natural todo aquello que ponga en práctica el ser humano? En ese sentido, ¿por qué es menos científica la psicología, la archivística o la lingüística?

Vamos a centrarnos en el segundo ejemplo que hemos mencionado. Sí, la lingüística es una ciencia, y en concreto la ciencia que estudia el lenguaje humano y su evolución. La lengua es un proceso natural y hay mucho de científica en ella, puesto que no podemos hablar de convención léxica en todos los casos. Aunque existan cientos de lenguas, aunque muchas de ellas sean completamente diferentes entre sí, no cabe duda de una realidad: la estructura es igual en todas ellas. En todas existe una gramática básica, en todas hay semántica, todas han nacido previamente en la fonética.

Pues, y esto no podemos olvidarlo, los seres humanos ya hablábamos antes de la invención de la escritura, suceso que aconteció a mediados del IV milenio antes de Cristo en las sociedades asentadas en los valles del Tigris, del Éufrates y del Nilo. Apasionante, ¿verdad? Esto se relaciona estrechamente con la historia de la lingüística y podemos estudiarlo en las múltiples carreras de filología que existen, como la inglesa, la clásica o, en nuestro caso, la hispánica. ¿Merece la pena pedir una beca o solicitar créditos con asnef en el pago de la matrícula de las carreras de filología si queremos dedicarnos a algo que tenga que ver con la ciencia? Rotundamente sí. Porque la investigación está muy presente en las distintas facetas que cualquier alumno puede aprender.

Hablemos, entonces, de la filología en sí. Una carrera de filología se sustenta sobre dos pilares básicos: la literatura y la lingüística. Las dos se interrelacionan de manera muy estrecha, puesto que todo lo que aprendamos por la parte de la lingüística podemos aplicarlo a la investigación literaria, a las distintas épocas históricas y a los rasgos lingüísticos concretos que caracterizaban a etapas y a autores específicos. Pero si lo que queremos es estudiar empíricamente la lengua, tenemos que irnos al segundo pilar. La lingüística se divide fundamentalmente en los campos siguientes: morfología, sintaxis, semántica, lexicografía y dialectología.

En medio de todas ellas, o más bien sobrevolándolas, se encuentra la historia y la evolución de las lenguas. Muchas de ellas comparten un antepasado común y eso se nota en su estructura esencial. Por ejemplo, encontramos numerosas similitudes gramaticales y léxicas en las lenguas romances derivadas del latín, así como en aquellas que proceden del sánscrito. Pero eso es historia pura y dura. Las materias que nos sirven para comprender la lengua, para saber cómo funciona, son las cuatro primeras. No conocerlas es como no conocer que los seres humanos estamos compuestos por cabeza, cuello, brazos, piernas, torso y órganos internos.

La morfología y la sintaxis se relacionan de manera estrecha. Aplicado al ejemplo del español, la morfología estudia en concreto la formación y construcción de palabras; es decir, los prefijos, los sufijos, los compuestos y sus lexemas. De igual modo, la sintaxis estudia la estructura de las frases y oraciones simples y complejas. Podemos decir que la morfología estudia la unidad –la palabra– y la sintaxis el conjunto de unidades –frase u oración–. Por eso tienen mucho que ver la una con la otra. Esta es la parte más mecánica de la lengua, la que nos permite entender de qué manera construimos verbalmente nuestros pensamientos.

En cuanto a la semántica, estudia el significado concreto de los términos, es decir, su conceptualización. En relación con ella, la lexicografía estudia por qué determinadas palabras o conjuntos de palabras pasan a establecerse como tales, con su significado, en una lengua concreta. Esta es la ciencia de la lingüística, y un préstamo personal o una beca nos permite estudiarla en profundidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *