¿Por qué son imprescindibles los créditos actualmente?

Obtener un empleo bien pagado, acogido a un convenio colectivo respetuoso con el trabajador y cuyo contrato sea realmente indefinido parece una tarea imposible en los tiempos que corren. Por desgracia, nos hemos habituado demasiado a la palabra «precario» y a todo lo que significa, del mismo modo que hemos convertido el término «mileurista» en algo positivo, un sueldo al que aspirar, cuando hubo un tiempo en el que el concepto aludía al mínimo sueldo posible y no era en absoluto un sueño profesional sobrevivir con él. «Bueno, pero es suficiente para una sola persona y para pagar el alquiler», dicen algunos, obviando el hecho de que comprar una vivienda y formar una familia ha pasado de ser lo habitual, a un lujo imposible de alcanzar para muchos.

No es de extrañar, por lo tanto, que nuevos negocios basados en el ahorro hayan hecho acto de presencia. Si viajar y alojarse en un hotel de calidad es imposible para personas con trabajos inestables y mal pagados, siempre puede acceder al alquiler vacacional. Si alquilar una oficina para su negocio es literalmente imposible, existen los espacios de coworking. Si el sueldo periódico no da ni tan siquiera para alquilar un piso individual, la prensa eufemística ha inventado el término coliving. Todo a nuestro alrededor es una farsa que presenta la pobreza como un ideal de vida al que aspirar; y los millennials, lejos de ser vistos como víctimas de este sistema cruel, son pintados como jóvenes austeros que prescinden de opulencia innecesaria. Es una hipocresía social.

¿Existe una manera de avanzar teniendo en cuenta cómo se plantea el presente? El cambio de gobierno actual quizá encienda un poco las ya desgastadas esperanzas de toda una generación gracias a sus promesas, aún no cumplidas, de recuperación del sector público, de un porcentaje mínimo de la sanidad y la educación gratuitas que todos deberíamos tener, de un acceso garantizado a una renta fija y a un hogar que debería ser un derecho constitucional inalienable. Sin embargo, el cambio no llegará de la noche a la mañana; y mientras tanto, cientos de miles de jóvenes desempleados, o cansados de saltar de un trabajo a otro, deben buscar una alternativa.

Los préstamos siguen siendo una opción. Al igual que el negocio turístico del alquiler de alojamiento se ha adaptado al nivel de vida actual de la mayoría de la ciudadanía, también han aparecido opciones de crédito más flexibles y más fáciles de gestionar por personas con una renta baja o endeudadas, como los préstamos rápidos. Por otro lado, las entidades bancarias, conscientes de la situación actual, son cada vez más indulgentes en lo que respecta al ofrecimiento de créditos, aunque tampoco demasiado. Sin duda, las opciones ofrecidas por internet son dignas de ser tenidas en cuenta, mientras que los préstamos bancarios tradicionales deberían mantenerse en el cajón de sastre para cuando llegue el momento de estabilizarse y trascender, quién sabe si a una hipoteca.

En cualquier caso, un estudio de WannaCash.es, un comparador de créditos del mundo virtual bastante conocido en nuestro país, revela un crecimiento exponencial de clientes que cada vez con más frecuencia confían en este tipo de financiación, sobre todo a la hora de gestionar gastos de precios relativamente bajos. Aun así, siguen siendo solo una posibilidad dentro del amplio y diverso universo de los préstamos, y convendría tener en cuenta los diversos tipos a los que podemos acceder por si llega el caso de asentar un poco nuestra economía personal y mejorarla de una manera segura. Por supuesto, siempre hay que escoger el momento adecuado para solicitar un crédito, ya sea al banco, o a entidades como la que acabamos de mencionar.

De ese modo, sabremos que existen préstamos de tipo personal, reducidos y para necesidades específicas; los hipotecarios, necesarios para obtener una vivienda en propiedad; o de estudios, todavía poco extendidos en España pero creados para financiar cursos de formación universitaria o estancias en países extranjeros. Hemos puesto el ejemplo de tres tipos de préstamo, pero existen más clasificaciones en función no solo de los objetivos, sino de la cuantía y las condiciones. A cada ciudadano, su crédito, y esperemos que en el futuro el sector público resucite.

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