Psique desvela las fases de una ruptura sentimental y cómo superarlas

La intensidad emocional y su duración dependerá de cada persona, así como de la situación (el apego establecido, las causas de la separación, cómo se ha interpretado ese final, de la vida social que se tenga, etc.). En esos momentos, es habitual tener la sensación de que nunca volverá la felicidad. Pero aunque parezca interminable, este periodo es pasajero.

Aunque no todas las personas viven el duelo de la misma manera, generalmente tras una ruptura de pareja se atraviesan las siguientes fases:

1. Negación. Se produce un estado de shock en el que no se acepta lo que está ocurriendo.

2. Anhelo y búsqueda del otro. En esta fase, se acepta la ruptura, pero no a nivel emocional. Es fácil caer en el pensamiento de que es probable volver a estar juntos en el futuro. Se suele buscar el contacto del otro: coincidir en eventos de amigos, llamadas telefónicas, mensajes, redes sociales… A menudo, se malinterpretan conductas del otro como señales de una posible reconciliación, haciendo muchas veces que esta etapa se prolongue en el tiempo, generalmente, hasta que la otra persona comienza una nueva relación, lo cual suele ser aún más doloroso.

3. Frustración y desamparo. Se acepta la ruptura pero se tiene una sensación de molestia continua. Aparecen sentimientos de melancolía y nostalgia, cargados de resentimientos y culpa. Se idealiza el pasado y se culpabiliza a todo y/o todos por la ruptura.

4. Desorganización y desesperanza. Aquí el dolor puede ser muy profundo. Se toma conciencia de la realidad, y llegan sentimientos de la pérdida real y la soledad. No se siente ilusión por nada, o por muy pocas cosas. Esta es la peor de las fases del duelo, ya que la persona puede tender a llenar ese vacío sin estar preparado para ello, con nuevas parejas o con conductas nocivas.

5. Conducta reorganizada. Vuelve a aparecer la luz al final del túnel. Se empieza a ver el futuro como una nueva oportunidad, con más optimismo, y los pensamientos sobre la expareja o la ruptura ya no son tan dolorosos. Se siente menos ira y culpa, y se tiene un mayor control sobre uno mismo, ya que se percibe la situación con mayor objetividad.

Para que este proceso se viva con mayor facilidad es importante recordar que no sólo se trata de un final, sino también de un comienzo, el inicio de una nueva etapa que puede ser tan buena o incluso mejor que la vivida hasta el momento. Por ello, interpretar esta nueva situación como una oportunidad es una buena forma de calmar el dolor y reconciliarse con uno mismo.

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