Elena García Pérez propone una historia extremadamente humana y social en 'Hablando con las estrellas'

Elena García Pérez es profesora de español en varias instituciones de Francia y, en la actualidad, compagina su trabajo con la escritura. Para ella, todo forma parte de un cómputo humano y filosófico que ha querido compartir con todos aquellos seres humanos dispuestos a escuchar.

De una fuente de enriquecimiento personal y altruista nació Pipilet Mandala y, en este caso, su primera obra: Hablando con las estrellas, ya disponible en tiendas bajo el sello de la editorial Tregolam.

“Empecé a escribir este libro porque era urgente ayudar a otros a reflexionar sobre de dónde venimos y por qué estamos aquí”.

Hablando con las estrellas es la historia del mencionado Pipilet Mandala, un humanoide con forma de caracol muy especial que llega, proveniente de Galappar, a la Tierra. Las condiciones climatológicas, agravadas por la acción de los habitantes, han destruido su planeta y su voluntad principal es tratar de evitar que los acontecimientos vuelvan a repetirse aquí, en esta parte del cosmos.

Durante el tiempo en el que Pipilet está en la Tierra, encontrará en ella una nueva manera de ver la vida y lo que le rodea, pues las circunstancias lo colocarán en situaciones por las que no había pasado con antelación: descubrirá, entre otras cosas, la gastronomía y el fútbol, y todas las sensaciones de diversión y felicidad ligadas a estos.

El personaje principal circunscribe un simbolismo que también ayuda a la introspección. Pipilet Mandala representa el aprendizaje interior de manera pausada, así como el carácter inmortal del conocimiento y del universo.

“Desde el primer momento, tuve la idea de un caracol. En primer lugar porque es una pequeña mascota que todos los niños conocen y que no da miedo. Segundo, porque su gran caparazón en espiral representa el infinito y la eternidad. Finalmente, porque simboliza la simplicidad de la vida y cómo progresa sin prisa, pero sin pausa. Lleva su carga sin conflictos y sin preguntar a nadie qué hacer. Sabe que las respuestas están dentro de cada uno de nosotros y que depende de cada uno de nosotros encontrarlas”.

En su viaje, Pipilet Mandala conocerá a Elena, una niña de catorce años, y a su familia, con los que tendrá una amistad trascendental en la que el protagonista les enseñará los valores fundamentales de la vida para que aprendan la esencia de la existencia: el amor y la unión.

Precisamente, el amor y la unión son dos de los cimientos más sólidos de la obra de Elena García Pérez, pero también lo son el rescate de ese niño interior, la voluntad de seguir aprendiendo sobre el mundo que rodea al ser humano, así como la búsqueda de los misterios del universo.

Si hubiera que definir el valor que la Hablando con las estrellas aporta a los lectores, este estaría muy ligado al concepto de resiliencia. Este, que tan en boga está hoy en día, probablemente por el ritmo vertiginoso de la vida, constituye la fuerza motora de los seres humanos. La resiliencia ayuda a moverse ante la adversidad tras aprender de ella y a escucharse y (junto a la empatía) escuchar a los demás.

“Pienso que el huir y el salir corriendo ante situaciones desconcertantes no es la respuesta de un sabio. El escuchar es un arte en sí mismo, el saber escuchar tanto a nosotros mismos como a los otros ha de ser en silencio. Escuchar no es solo oír, sino es comprender y saber compartir”.

Como otras grandes novelas, la de Elena García Pérez se apoya en unos diálogos bien construidos para ganar ritmo y agilidad narrativa. Una narrativa en la que, por su parte, el lector no encontrará una pretensión de ornamento; sino más bien la esencia misma del lenguaje. Viveza, cercanía, incluso una prosa que roza lo poético, es lo que aquel hallará entre sus páginas. El estilo de esta autora es puro y solidario a partes iguales.

“A través de este libro, mi intención es dar los fundamentos y la base para que todos reflexionen y se busquen a sí mismos. Un profesor debe ser un guía, pero el aprendizaje y la búsqueda deben ser hechos por el mismo estudiante”.

Cuando Aristóteles sostenía que el ser humano es un ser social por naturaleza, quizá en parte se refería precisamente a ese recordatorio que Elena García Pérez desea hacer llegar a sus lectores: que no están solos, que viven en comunidad, que la retroalimentación dentro de esta es fundamental y que, por tanto, la vida no es más que un continuo aprendizaje durante el cual hay que saber mirar dentro de uno mismo.

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